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Leopoldo Tartarini

Leopoldo Tartarini en una Marianna 100 en el Motogiro de 1955. (foto Breveglieri)

Tartarini a la salida del Motogiro de 1957 en la 175 Bialbero. (Foto Breveglieri)

Giorgio Monetti y Leopoldo Tartarini junto al Dr. Giuseppe Montano a la salida de la Vuelta al Mundo en septiembre de 1957.

Tartarini y Monetti durante una etapa de su viaje.

En los años 70 Leopoldo Tartarini colaboró con Ducati en el desarrollo del diseño de la 900 Darmah.

 
 

Leopoldo Tartarini nació en Bolonia el 10 de agosto de 1932, en una familia en la cual las motos siempre tuvieron un lugar especial. Su padre compitió con varias marcas, como Frera y Guzzi, las que representó también como concesionario durante muchos años, antes de pasar a trabajar junto a su hijo en Ducati.

Cuando era joven, Leopoldo comenzó a correr en la categorías menores para sacarse el carné federal internacional, y destacó tanto que las principales casas de motocicletas italianas lo ficharon como piloto profesional. Su especialización eran las competiciones de resistencia, pero no se limitaba sólo a esta categoría. Sus mayores éxitos deportivos fueron:

1952 - Primer ganador absoluto en la Milano - Taranto, con una moto cuyo bastidor había sido preparado por él mismo y propulsada por un motor bicilíndrico BSA de 650 cc.
1953 - Primer ganador absoluto en el Motogiro (organizado por el periódico "Stadio" de Bolonia) a bordo de una Benelli oficial y otra vez campeón de categoría y segundo ganador absoluto en la Milano - Taranto, naturalmente con Benelli.
1954 - Primer ganador absoluto en el Motogiro, siempre con una Benelli oficial. Al final de la temporada pasó a Ducati.
1955 - Era primero de categoría en el Motogiro, con una Ducati, cuando cerca de Perugia, con 24 minutos de ventaja sobre su rival en segundo lugar, sufrió un grave accidente que interrumpió su carrera y casi dejó paralizadas sus piernas.

En el violento impacto con el suelo Tartarini sufrió un lesión en la columna vertebral. Permaneció tres largos meses sin sensibilidad en las piernas. Controlaba todos los días (de abril a septiembre) con agujas si la sensibilidad había regresado, pero sin resultados positivos. Al final la situación mejoró y en los meses siguientes volvió a caminar normalmente. Esto suponía una gran éxito, puesto que después de los primeros reconocimientos después del accidente le habían planteado la posibilidad de que no volvería a caminar nunca más con sus propias piernas.

A pesar de su parcial recuperación física no consiguió superar las pruebas médicas que la Federación Motociclística Italiana imponía a los pilotos al final de la temporada. En la práctica era un piloto acabado porque le prohibieron expresamente que competiera en cualquier competición. Fue por esta razón que, al no querer esperar un año entero ya que las pruebas se realizaban sólo una vez por temporada, en diciembre decidió ocupar su tiempo libre organizando una expedición en moto.

No hubiera podido correr de todas maneras, porque mientras tanto se habían cancelado las grandes competiciones de resistencia en carretera en las cuales Ducati había tenido excelentes resultados. A Ducati había llegado justo a tiempo para competir con la nueva 175 cc, diseñada por el ingeniero Taglioni y para volver a ganar el Motogiro. Una vez curado, se dedicó a la concesionaria Ducati de Bolonia y provincia que, junto a su padre, había abierto a finales de 1954, cuando había pasado a Ducati como piloto oficial.

Sin embargo estaba aún bajo fichaje, tenía un contrato muy elevado porque ganaba 1 millón y 600 mil liras por temporada (en 1956 era una cantidad considerable). Se sintió obligado por razones morales (no quería ser pagado sin trabajar para Ducati, y el contrato era válido hasta finales de 1957) a inventarse aquel viaje "promocional", un viaje extraordinario y pionero que lo llevaría durante todo un año a recorrer el mundo. Inicialmente, sólo quería llegar como máximo hasta Turquía, pero la expedición se acabó ampliando hasta Ciudad del Cabo y, por sorpresa de todos, se convirtió en una vuelta alrededor del mundo. Él había esperado terminar el viaje en menos tiempo: ir hasta Turquía sólo duraría algunas semanas. En lugar de ello, duró un año entero y recorrió un kilometraje inconcebible.
Tartarini dejó el papel de piloto al final de esta gira mundial y se volvió más sedentario, limitándose casi exclusivamente a experiencias en el ámbito de las innovaciones tecnológicas.

Ha continuado con su actividad de concesionario Ducati hasta 1960, cuando

decidió que había llegado la hora de pasar de concesionario Ducati a fabricante de motocicletas. Así creó la marca Italjet, que ha tenido un considerable éxito, incluso en el ámbito de la competiciones.

Recientemente, también ha cedido esta actividad a su hijo Massimo y se ha dedicado al diseño y desarrollo de nuevas motos con conceptos y líneas muy originales, modelos que han sido proyectados y producidos a través de otras marcas comerciales.